La Entrevista, La Constelación y el Volantón
- 12 jul
- 3 min de lectura
Dale Clic a la música, mientras me lees.
"Mientras observaba a un pequeño volantón recuperar la confianza para volar,
comprendí que durante años había esperado de mí,
una rapidez que jamás le habría exigido a otro ser vivo."
Melissa
Hay días que parecen, escritos por un novelista con demasiado tiempo libre.
Mi día comenzó,con una entrevista laboral y terminó observando a un pequeño volantón, recuperar la confianza suficiente para volver a volar.
Entre una cosa y la otra hubo lágrimas,
una constelación familiar y una verdad incómoda:
"a veces, soy mucho más compasiva con los demás,
de lo que soy conmigo misma."
La entrevista, me removió más de lo que esperaba.
No por las preguntas en sí, sino porque despertó una voz,
que conozco desde hace años. No era solamente la voz del entrevistador,
cuestionando mis decisiones de vida.
Era también la voz rígida que llevo dentro,
la que aprendí a escuchar desde pequeña, la que mide, evalúa y
determina si, ya he hecho suficiente para merecer aprobación.
Mientras respondía preguntas, sobre por qué vivo con mis padres,
por qué no me he independizado o cómo debería estar organizando mi vida,
algo dentro de mí se sintió pequeña. No porque creyera que tenía razón,
sino porque reconocí un juicio antiguo hablando a través de una persona nueva.
Horas después llegué a casa,
me esperaba una sesión de constelaciones familiares.
Allí apareció otra pieza del rompecabezas...
Pude ver cómo, en mi sistema familiar,
existe una memoria asociada, al peligro de la energía masculina.
Una historia donde amar, confiar o entregarse tuvo consecuencias dolorosas.
Comprendí, que aquello que durante mucho tiempo,
interpreté únicamente como un bloqueo también,
podía verse desde otro lugar: como un intento de protección.
No una protección perfecta.
No una protección libre de miedo.
Pero sí una protección amorosa.
Alguna mujer antes que yo amó profundamente,
confió profundamente y fue profundamente herida.
Y desde ese dolor quedó instalado un mensaje: cuidado, aquí hay peligro.
Por primera vez no sentí rabia hacia ese mecanismo,
Sentí compasión.
Porque incluso los bloqueos nacen, muchas veces, del amor.
Y entonces apareció el volantón.
Mis gatos lo encontraron antes que yo.
Dos veces, tuve que rescatarlo.
Esa noche dormí preocupada, me hablaron de bacterias,
de heridas invisibles y de todos los riesgos posibles.
Lo observé, como si su supervivencia dependiera de mi vigilancia constante.
A la mañana siguiente seguía allí.
Quieto.
Observando.
Sin salir del transportín.
Sin volar.
Sin apresurarse.
Yo quería, que saliera.
Quería que, demostrara que estaba bien.
Quería que avanzara.
Pero él, parecía tener otros planes.
Primero observó.
Después, se acercó a la entrada.
Luego salió.
Más tarde, caminó.
Y solamente cuando estuvo listo, voló.
Nadie, pudo acelerar ese proceso.
Ni yo.
Ni sus padres.
Ni el reloj.
Y fue entonces, cuando entendí algo.
Durante años, me he exigido avanzar,
al ritmo, que otros consideran correcto.
He intentado salir del transportín, antes de sentirme preparada
porque alguien dijo, que ya era hora.
Ya, debería haber sanado.
Ya, debería confiar.
Ya, debería independizarme.
Ya, debería haber encontrado pareja.
Ya, debería estar en otro lugar.
Pero la vida no funciona así.
Hay procesos que requieren,
observación antes que movimiento.
Hay momentos en que, quedarse quieto también es parte del viaje.
Y quizás, la lección más importante no fue la del volantón.
Fue descubrir que, mientras yo lo observaba con paciencia,
ternura y comprensión, rara vez me ofrecía el mismo trato.
Nunca pensé que, un pequeño pájaro me enseñaría tanto sobre la confianza.
Ni que terminaría, mostrándome que,
el amor también consiste, en dejar de empujar.
A veces sanar no es saltar.
A veces sanar es, acercarse a la puerta y mirar hacia afuera.
Y un día, cuando realmente estamos listos,
volamos.
con amor,
Melissa - Seladriel

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Con amor,
Melissa – Seladriel




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