Una entrevista laboral, una sesión de constelaciones familiares y el encuentro inesperado con un pequeño volantón terminaron revelándome una misma enseñanza: la sanación no siempre consiste en avanzar más rápido, sino en aprender a respetar nuestros propios tiempos.
En este relato comparto cómo el juicio interior, las memorias familiares y la compasión hacia un pequeño pájaro terminaron mostrándome una verdad que durante años pasé por alto: era mucho más amable con los demás