La Leona y el Hombre de Harapos
- 16 may
- 3 Min. de lectura
Hay sueños que no se olvidan, se integran.
Esta fábula nace de una noche en la que mi alma,
bailó con mi divino masculino.
No hubo contacto, solo un sentir compartido donde su vergüenza
y su tristeza se fusionaron con mi amor.
Así fue como la leona entendió que amar también es saber soltar..
Había una vez una leona
que caminaba bajo una noche sin estrellas.
El mundo a su alrededor era oscuro, denso,
como si todo estuviera hecho de sombras y silencios no resueltos.
Solo la luna, alta y distante,
iluminaba lo suficiente para no perderse.
La leona no tenía miedo.
Había aprendido a caminar en la oscuridad,
a reconocer sus propios rugidos y a no huir de ellos.
Aquella noche, sin embargo, no caminaba sola.
Había una presencia.
No era enemiga… pero tampoco era refugio.
Era un hombre.
Un hombre cubierto de harapos, con la mirada baja
y el peso de su propia vergüenza colgando de sus hombros.
Estaba cerca… tan cerca
que la leona podía sentir su respiración.
Pero no la tocaba.
Nunca la tocaba.
La leona, con su fuego intacto, intentó acercarse.
No para salvarlo… sino para encontrarse en él.
Quiso fusionarse, unirse, reconocer en ese otro
la danza que alguna vez sintió compartida.
Pero el hombre retrocedía sin moverse.
Se encogía sin desaparecer.
Se quedaba… pero no llegaba.
Entonces ocurrió algo extraño...
Sus cuerpos comenzaron a moverse al mismo tiempo.
Se inclinaban,
se levantaban,
se arrodillaban…como si una misma fuerza los guiara desde dentro.
Era una danza perfecta.
Sincronizada,
Precisa,
Hermosa,
Pero sin contacto.
La leona lo miró desde arriba en un instante suspendido,
y lo vio realmente.
No vio a un rey caído.
No vio a un guerrero herido.
Vio a alguien que no podía sostener la mirada
de quien sí sabía amar.
Y en ese momento… entendió.
No era su tarea levantarlo.
No era su misión vestirlo de oro.
No era su destino arrastrarlo fuera de su propia vergüenza.
Porque el problema, nunca fue la conexión.
El problema, fue la capacidad de sostenerla.
La leona entonces bajó.
Se recostó en la tierra fría.
Y dejó de intentar alcanzarlo.
Siguieron moviéndose juntos
…pero ahora ella ya no buscaba unión.
Solo presencia.
Solo verdad.
Y en ese silencio compartido,
comprendió algo que la liberó:
Hay vínculos que nacen en sincronía,
pero no están destinados a quedarse.
Que hay almas que caminan a tu lado,
pero no pueden caminar contigo.
Y que el amor más poderoso no es el que insiste…
sino el que sabe cuándo soltar, sin dejar de ser quien es.
Moraleja
No todo lo que se siente profundo,
está destinado a sostenerse en la realidad.
A veces, la verdadera fuerza no está en salvar al otro
…sino en reconocer cuándo su camino,
ya no puede cruzarse con el tuyo, sin que tú te pierdas.
Seladriel

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Con amor,
Melissa – Seladriel




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